España se pudreEste lugar no está dedicado a nostálgicos de la dictadura que abominen del curso que nuestro país está siguiendo. Tampoco está dedicado a independentistas interesados en denostar al estado español. No, este lugar está dedicado a algo muy diferente. Cuando los españoles hicimos la transición de la dictadura a la democracia pensábamos que nos esperaba mayor libertad. ¡Quiá! Hoy las administraciones públicas nos controlan y vigilan más que nunca. Los papeleos cada vez involucran más documentos. Cada vez hay que demostrar más cosas: certificados de esto, certificados de aquello... El Sistema ha arraigado fuerte y profundamente en nuestra sociedad, y ya no podemos quitárnoslo de encima. A esto se añade la indolencia y pasotismo de los que en ocasiones hacen gala los funcionarios públicos. ¿Causas? Los jefes de los funcionarios pasan de controlarlos y vigilar su eficiencia. Nadie quiere ejercer la autoridad en este país. Supongo que el hecho de haber vivido una guerra civil y una dictadura provoca que el mostrarse autoritario y/o exigente con el personal esté mal visto, como algo trasnochado. Pero los resultados están a la vista: los funcionarios hacen lo que les da la gana sin nadie que los meta en cintura. Pero peor que la indolencia y el pasotismo son las consecuencias. Como la administración funciona mal y no se puede hacer nada, los funcionarios se crecen; y encima de indolentes, se vuelven chulos. Y se lanzan a realizar los trámites como les da la gana. Sin mirar el reglamento, que es muy trabajoso. Encubriendo los errores con respuestas inventadas para embaucar a los pobres incautos. Extraviando solicitudes. Secuestrando documentos. Todos estos ejemplos son reales, comprobados personalmente por mí. Se han dado cuenta de que pueden hacer lo que quieran, que con ellos no se puede. Y por eso la cosa está llegando ya a extremos aberrantes. Ejemplo: la famosa tasa 6.000 que se cobra en las universidades españolas. 6.000 pesetas extras que se cobran como gastos de mantenimiento de expediente. Absurdo: es como cobrar por respirar. Pero lo grave del asunto es que incluso los rectores de las universidades admiten que los motivos por los que se cobra esa tasa poco tienen que ver con gastos de secretaría (creo que el motivo que aducen es insuficiente financiación de la investigación universitaria) y que ese dinero no va a las secretarías de los centros ni mucho menos. No se guardan los expedientes en carpetas de cuero ni se paga más a los funcionarios de las secretarías para que se aseguren de que no se acumula polvo en los estantes. Es una tasa que con total descaro va a parar a algo completamente diferente de aquello para lo que se supone que la cobran. Otro ejemplo: la comunidad autónoma gallega paga cuando quiere a los empleados que contrata eventualmente. Conozco varios casos de personas contratadas en verano por el Servicio Galego de Saúde para cubrir las bajas de vacaciones. Pues bien: No ven ni una peseta de la paga hasta cumplir mes y medio del trabajo. Los que empiezan sus contratos a mediados de mes cobran media mensualidad, pero no a finales de ese mes sino del siguiente. Y si el contrato todavía cubre uno o dos meses más, el mismo retraso se aplica a las sucesivas mensualidades a cobrar: un mes de retraso cada una. ¿Acaso se supone que una persona que vive de su trabajo puede aguantar mes y medio sin cobrar? Ya vale todo. Y es así porque saben que estamos legalmente indefensos. A su merced. Saben que puedan hacer lo que quieran con nosotros. Y esto es sólo el principio. ¿Qué hacer?
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