Un domingo cualquiera© Nacho Agulló. Todos los derechos reservados
El equipo protagonista se llama Miami Sharks. Y realmente es el equipo el protagonista: aunque el personaje de su entrenador tiene una cierta preponderancia en la película, todo el equipo la protagoniza. La propietaria sin escrúpulos. El médico sin ética. El médico honesto. El líder del equipo. El aspirante a nuevo líder. El periodista incordiante. Todos estos personajes entrelazan sus existencias en torno a un equipo que experimenta altibajos de lo más normal, sin excesiva pena ni gloria. Como reza el título, se trata del retrato de un domingo cualquiera. El guión se fundamenta en retratar adecuadamente a los miembros del equipo y todas las circunstancias que lo rodean. Cómo no, las escenas de juego son un ingrediente básico en esta mezcla, y están narradas con todo detalle. Sobre esta base se tejen diferentes historias que implican a los distintos personajes: el conflicto que representa el surgimiento de un nuevo líder en el equipo; los tejemanejes de la propietaria; los conflictos alrededor de las lesiones; el típico tema del salto a la fama (y al dinero) de un joven jugador insuficientemente maduro para afrontarlo; etcétera. Hay momentos dramáticos, pero en general el guión mantiene una estructura coral que rehuye centrarse en ningún personaje por demasiado tiempo, con un tono un tanto documentalista que desdramatiza los dramas individuales. La dirección de Stone es altamente recargada, con abundantísimo empleo de planos múltiples. Las escenas de juego están brillantísimamente rodadas, con tomas de ensueño. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de las escenas entre personajes: la excelente escenografía de Stone orquesta excelentes escenas cuando los personajes son muchos, pero a medida que se reduce el número de personajes en escena el resultado empeora. Stone carece de delicadeza en las escenas íntimas, a las que retrata con burdo estilo televisivo. La banda sonora es asimismo recargadísima, con empleo constante de música o ruido: los pocos silencios que hay a lo largo de la película son deliberados, para resaltar la acción. En cuanto a la música, está compuesta fundamentalmente de rap y rock. La interpretación se resiente del estilo realizador de Stone, impidiendo que ningún actor tenga la ocasión de brillar. Al Pacino y Dennis Quaid componen personajes muy enteros y sólidos; Cameron Díaz es tal vez la más destacada en su papel de agria y desalmada directora del equipo; James Woods compone un secundario excelente; Matthew Modine está discreto; flojo Jamie Foxx al no saber representar la evolución de su personaje. En síntesis: una excelente película sobre el mundo del fútbol americano y sus circunstancias. Valoración:
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