Tres reyes© Nacho Agulló. Todos los derechos reservados
Sin embargo, la película resulta ser diferente: hay acción, aventuras y golpes de humor, pero también dramatismo. ¿Porqué tan extraña combinación de ingredientes? La explicación es que la verdadera motivación de la película de David O. Russell es desmitificar la liberación de Kuwait, describiéndola no como una victoria sino como una derrota moral de la administración presidida por George Bush. La historia -del propio Russell- está calculadamente ajustada para expresar esta idea. Hollywood, izquierdista siempre, no hizo ninguna superproducción que exaltara la operación Tormenta del desierto, pero una vez pasada la fiebre patriótica hace una para criticarla. Sería necesario a su vez todo un artículo para explicar el porqué de ello, pero es posible resumirlo en una frase: tras la avalancha de información -parte veraz, parte manipulada- que pintó ante el gran público a Sadam Hussein como un nuevo Hitler, la mayoría de los estadounidenses no comprendió cómo tras su derrota se le permitió continuar en su trono. Así, la película se cimenta en una visión represora del ejército iraquí, que utiliza gases tóxicos, tortura disidentes políticos, asesina mujeres e impide el suministro de alimentos a las poblaciones que intentan rebelarse. Esta visión, aunque basada en hechos reales de la represión contra los kurdos y chiítas, es exagerada en la película hasta la inconsistencia. Partiendo de esta base torcida, Russell monta su panfleto político que critica duramente a George Bush por utilizar el ejército para liberar a los ricos kuwaitíes y no a los pobres rebeldes iraquíes. En su afán crítico, Russell utiliza todos los argumentos de los que pudo echar mano, recordando las víctimas civiles iraquíes en los bombardeos, la ayuda prestada por los Estados Unidos al ejército iraquí durante su guerra previa contra Irán, o incluso los soldados profesionales que se quedaron sin empleo inmediatamente después de la guerra. Se llega al extremo de presentar al propio ejército estadounidense como enemigo de la liberación de los rebeldes y castigador de los intentos de salvar sus vidas, intentos que si son redimidos no es por el criterio del propio ejército sino por la fuerza de la opinión pública. El guión se fundamenta en el vínculo que se crea entre el grupo de aventureros estadounidenses y los reprimidos chiíes, parte que está bien retratada. También abunda en giros interesantes que mantienen el interés. Falla miserablemente, sin embargo, en cuanto al ejército iraquí, guardia republicana incluída, que es descrito -aparte de como represor sin escrúpulos- como tercermundistamente torpe, estúpido y cobarde; llega un momento en que parece imposible que pueda constituir una amenaza contra nadie. Hay algo que sí hace bien Russell: dirigir. Las escenas violentas están magníficamente visualizadas, con un manejo de la cámara excepcional, pocas veces visto antes. La interpretación es todo lo buena que puede ser en una película de estas características: bien en general George Clooney, Ice Cube, Spike Jonze y Jamie Kennedy. Más destacado Mark Wahlberg, y sobre todo el intérprete del líder rebelde. Resumiendo: una entretenida película de aventuras, con muchos giros, pero lastrada por su carga política y por unos malos demasiado inútiles para asustar a nadie. Valoración:
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