La milla verde© Nacho Agulló. Todos los derechos reservados
La acción se sitúa en los años 30 y tiene lugar en una prisión, concretamente en la galería donde se hallan los condenados a muerte en espera de ejecución, la milla verde. La rutina se quiebra cuando un condenado recién llegado comienza a demostrar un don especial para hacer el bien. La historia se fundamenta en una oposición radical, maniquea, entre el Bien y el Mal, consistentemente planteada. Esta oposición, que subyace inadvertidamente por todas partes, nos va siendo desvelada paulatinamente con la prisión como escenario. Partiendo del escepticismo, los personajes irán convenciéndose y tomando partido. El guión de Darabont, bien afinado, explota brillantemente los momentos cumbres de la historia. Destacan especialmente los diálogos. En uno de ellos Darabont se lanza un guiño a sí mismo, copiando un par de líneas del personaje interpretado por Morgan Freeman en Cadena perpetua. En cuanto a la dirección, es sobria y sencilla, con un ritmo lento, muy fácil de seguir pero que llega a hacerse pesado en ocasiones. La interpretación no es especialmente buena. Seguramente por efecto de la sencillez que Darabont ha querido imponer a la película, por esa atmósfera fantástica, los personajes resultan un tanto planos, sin profundidad. La diferencia la marca Michael Clarke Duncan, con una interpretación magistral que sostiene la película. Algo destacados están también los guardianes de la prisión, sobre todo el insoportable Percy, y el convicto malvado. No están bien, sin embargo, Tom Hanks ni James Cromwell. Resumiendo: una excelente película. Explora el mundo de lo sobrenatural lo justo para maravillarnos y aterrorizarnos. Se queda cerca de ser una obra maestra; le falta algo más de ritmo, y unos personajes con más profundidad. Valoración:
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