Horizonte final© Nacho Agulló. Todos los derechos reservados
Para los entendidos, esta película podría definirse rápidamente como una versión terrorífica de Solaris, de Andrei Tarkovski; incluso hay algunas imágenes de Neptuno visto desde el espacio que bien podrían haber sido copiadas de aquella película. Para los no tan informados, la referencia más clara será la combinación de ciencia-ficción y terror de Alien... solo que esta vez el terror no se concreta en un monstruo. En el año 2047, una nave espacial de rescate es enviada a Neptuno. Una vez allí, tras un largo viaje que les ha llevado a millones de kilómetros de cualquier congénere, se les revela que esta no es una misión normal: la nave que van a rescatar, el Event Horizon, es un prototipo experimental que utiliza como impulso un microagujero negro... y que al probarlo desapareció, para reaparecer tras ocho años de misterio... en silencio, salvo por un único y críptico mensaje. ¿Qué ha sido de la tripulación? ¿Qué espera a los astronautas a bordo de esta misteriosa nave? El argumento explota sobre todo el misterio para mantener la tensión, pero a medida que se va disipando aquél la película decae. El sustitutivo que esta película nos ofrece no asusta tanto como un buen monstruo, y el resultado flojea. La debilidad del guión se ve algo compensada por una eficiente dirección. Sustentar la credibilidad de una historia combinación de ciencia-ficción y el terror requiere de mucho oficio, y Anderson lo consigue. Sobre todo, la ambientación es excelente. El interior de la nave Event Horizon es ominoso, y Anderson sabe explotarlo con tomas inquietantes. Si acaso peca de algo es de efectista en las escenas de acción, un defecto perdonable cuando la dificultad primordial es mantener la historia creíble. Por otra parte los efectos especiales, si bien poco relevantes, están bien conseguidos; destaca el efecto de los líquidos y objetos flotando en gravedad cero. La interpretación: pasable Kathleen Quinlan; flojo Sam Neil en un dificilísimo papel de científico no del todo en sus cabales; y soberbio Lawrence Fishburne, en una interpretación memorable que prácticamente sostiene toda la película. En síntesis: una pasable película de terror en el espacio. Valoración:
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