El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare© Nacho Agulló. Todos los derechos reservados
La película narra los enredos amorosos de dos parejas de atenienses (que a diferencia de la obra, no son de la Atenas clásica, sino de la villa de Monte Atenas, en la Italia de hace un siglo), en vísperas de la boda del Gran Duque. Se parte de una situación de conflicto -el severo padre de una doncella, invocando su autoridad, pretende obligarla a casarse con un joven elegido por él-, que se convertirá en enredo por la intervención de Oberón, mágico rey de la noche, y su fiel duendecillo. Paralelamente, un grupo de artesanos prepara una obra de teatro para escenificar en la boda. El guión es magnífico, construyendo dos secuencias cómicas insuperables: el enredo amoroso, que comienza con sólo dos personajes, continúa sosteniéndose con tres, y de forma insuperable se sigue sosteniendo con cuatro; y la obra de teatro, que de la misma manera que sus intérpretes la van preparando a lo largo de la historia, el guión la prepara para estallar al final en una secuencia inolvidable de carcajadas continuas. La dirección es sobria de encuadres en cuanto a la cámara, con una bella y bien cuidada fotografía, y con algunos planos demasiado cortos -vicio típico del cine estadounidense- en los momentos cómicos. Bien la dirección de actores. Soberbia la escenografía. Magníficos decorados y vestuario. En cuanto a la música -clásica casi toda-, está perfectamente escogida y adecuada a la obra. La interpretación: Buena en general, pero bastante lastrada por las alteraciones de la obra. Se mire como se mire, el duendecillo Puck no puede ser nunca un vejete calvorota, por muy buen actor que sea. Stanley Tucci se defiende en ese papel y consigue llevarlo de forma digna, pero poco efectiva. Más creíble es el reformado Oberón, más varonil y autoritario, papel en el que Rupert Everett brilla con gran talento. Brillan también Kevin Kline y Calista Flockhart en sus papeles cómicos. Bien el resto en general, especialmente destacados Michelle Pfeiffer, Sophie Marceau y David Strathairn, en papeles más serios. Y llega la hora de la valoración final. Considerada independientemente, ésta es una película excelente por su divertida comedia y su mágica atmósfera, aunque de romanticismo un tanto empalagoso, y esa es la valoración que le aplico. Ahora bien, como adaptación merece un comentario aparte. La ubicación en la Italia de hace un siglo es un acierto: ha servido visualmente para obtener unos escenarios -y vestuarios- soberbios y convincentes, y en cuanto al argumento, para retratar de forma fácilmente identificable para el espectador unos caracteres severos e intransigentes. Sin embargo, no ha sido tanto el acierto a la hora de adaptar el guión, pues se ha primado excesivamente el romanticismo sobre la comedia, aunque no han sido muchos los cambios realizados. El pederasta Oberón es reconvertido en enamorado amante de Titania, y algunos de los más divertidos diálogos son retocados o mutilados en pro del más acaramelado romanticismo. Creo que ésta es la palabra más adecuada para describir esta versión: acaramelada. Valoración:
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