El show de Truman© Nacho Agulló. Todos los derechos reservados
Nos hallamos ante una película original, sorprendente. Una historia sobre los extremos a los que pueden llegar las cadenas televisivas, siempre ambiciosas de más público y dinero. Un joven, adoptado desde su nacimiento por una corporación, se convierte sin saberlo en el protagonista de un programa televisivo que emite su vida cotidiana. Para ello le mantienen encerrado en un estudio de proporciones gigantescas capaz de simular en su interior su propio sol, luna y estrellas. La ilusión es perfecta... La historia, una sátira en principio, resulta ser un drama. Truman irá descubriendo sucesivos indicios de que su vida no es lo que parece, y los productores de televisión irán tratando de encubrir o justificar esos indicios. Se producen situaciones cómicas, pero el guión las minimiza para centrarse en el drama del protagonista, atrapado en una vida falsa. Tal vez una decisión errónea, pues una comedia habría tenido muchas más posibilidades que el drama, basado en supuestos difíciles de justificar, como el mantener encerrada a una persona de forma pública y notoria ante millones de espectadores. Weir, como es habitual en él, realiza una dirección intimista, muy centrada en los personajes, con una cámara excelente. Sin embargo, da demasiado peso a las partes dramáticas -que terminan por aburrir- y permite que el ritmo sea lento en exceso. La interpretación es muy buena: Bien Jim Carrey en su papel del inocente Truman. Muy bien los intérpretes de la mujer y el mejor amigo de Truman en sus papeles falsos, y muy bien también Ed Harris. Bien Natascha McElhone. En resumen: un excelente drama, por su originalidad y su interpretación, más que por la calidad del guión. Valoración:
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