Atilano, presidente© Nacho Agulló. Todos los derechos reservadosTras ambientar sus anteriores películas en el mundo de los toros y del fútbol, la Cuadrilla destripa en esta ocasión la política con una desmadrada comedia en la que no se deja títere con cabeza. La historia sucede en nuestro país en vísperas de unas elecciones; un grupo de siniestros banqueros, descontentos con la política económica, financia un partido bisagra con la intención de conseguir un gobierno de coalición más afín a sus intereses. Pero la cosa se complica cuando descubren que el candidato está entrampado en demasiados chanchullos, y necesitan un sustituto con urgencia. La casualidad provoca que el elegido sea Atilano, un funcionario de pompas fúnebres y timador; la campaña electoral no volverá a ser la misma... El argumento cubre adecuadamente los detalles de la campaña electoral, con mitines, ruedas de prensa y debates; además, dentro del partido bisagra se producirán tensiones y conspiraciones. Si acaso, se echan de menos más minutos de la oratoria de Atilano, con pláticas desternillantes. Donde la película falla es en la dirección; igual que en la anterior película, las partes dramáticas están mal retratadas y se hacen pesadas. También se nota en la escenografía, que es más de teatro que de cine. La interpretación: genial Manquiña, sosteniendo toda la película sobre sus espaldas; pasables Ramón Barea y Laura Conejero en unos papeles anodinos; destacado Fernando Vivanco como siniestro banquero; y destacado también Saturnino García, con un papel poco importante pero interpretado con notable naturalidad. En síntesis: Una entretenida comedia sobre la política. Valoración:
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